Prólogo.

Un poco sobre ella:
18 de Febrero.
Caminábamos de la mano bajo las luces del primer cuadro de la ciudad mientras fumábamos un cigarrillo, al terminarlo, tan cínico como siempre lo arroje a la calle sin mayor complicación. Ella, por el contrario, la mantuvo entre sus dedos mientras seguíamos caminando.

Pasaron unas cuantas calles y ella no soltaba aquella colilla, sin embargo preferí no preguntar. En una de esas calles encontramos un contenedor, se acercó y arrojo su colilla sin decir nada.

Transcender.

Me encontraba en la búsqueda de lograr trascender, recurriendo a los métodos más complicados, sin darme cuenta que la respuesta siempre había estado ahí.

Lo noté cuando al escuchar un par de acordes, algo dentro de mí tallaba en lo más profundo de mi ser tu nombre letra por letra, finalmente habías logrado con una melodía lo que yo no había logrado en tanto tiempo.

Kamikaze.

Tiempo atrás le prometí a mí instinto de preservación no actuar de manera estúpida y suicida, desafortunadamente al encontrarte me volví un completo kamikaze y es que fue tan fácil llevarte en mi pecho a pesar de la latente cuenta regresiva.
Abracé toda esa oscuridad que el mundo se negó a aceptar, la hice mía, tan mía que olvide que eres libre, sé que en algún momento has de partir llevandote todo, es como estar desahuciado y conciente.

Celeste.

Llevo mucho tiempo tratando de contarle al mundo lo inefable de tu existencia y me resulta bastante complicado, no es que no sepa hacerlo, simplemente es que todo parece demasiado terrenal a tu lado.

Le he dado demasiadas vueltas a este asunto y solamente podría comparar tu existencia con la de una lejana constelación.

Esto es algo que no debería sorprenderte pues estoy seguro de que eres consciente de la luz que emites en cada una de mis noches, sin mencionar tu belleza y el hecho de que eres inalcanzable en múltiples formas.